Cuidados Paliativos: Las fiestas y el duelo

“Si uno enciende una lámpara para otro, también iluminará su camino”
Dalai Lama

Llegan las Fiestas y algunas familias viven la realidad de esa lugar vacío por la partida física de un ser querido. Ustedes se preguntarán por qué en esta nota que es de Cuidados Paliativos reflexionamos este tema, los duelos. Y es porque los Cuidados Paliativos no solo acompañan a la persona o a sus familiares en la enfermedad crónica o final de una vida sino que, también, están presentes luego de ese final a disposición de los familiares en la escucha, contención, habilitando espacios.

En el Hospital donde soy voluntaria, el Instituto Lanari, se envía una carta personalizada a los familiares cuando su ser querido partió del cuidado del Servicio de Cuidados Paliativos. Es una carta saludándolos e invitándolos a taller de duelo que se lleva a cabo en el mismo Hospital.

También más cerca de la fecha del taller se los llama personalmente para recordarles y es una oportunidad de preguntarles “¿Cómo están?” Me ha tocado hacer estos llamados y es muy lindo poder escuchar cómo se sienten. Pocos son más rehaceos  al llamado. Al contrario se sienten bien que los llamemos, muchos hablan y comparten lo que van viviendo, algunos dicen que no podrían volver a entrar al Hospital porque les traería muchos recuerdos que no quieren volver a tener, otro aceptan la invitación y se acercan.  En fin cada uno vive este momento de una manera única e irrepetible.

“Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio con las penas pasa al revés. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.”  Mamerto Menapace

Muchos de los que estarán leyendo esta nota podrán sumar a lo que estoy compartiendo ustedes algunas vivencias distintas y sería muy rico para mi escucharlas.

En este momento se me vienen distintas maneras de describir el duelo por escuchar a personas que estaban transitándolo. Una imagen de este tiempo de pérdida es un laberinto. Ustedes saben cómo son los laberintos, a veces ni me animo a entrar y eso sería como no querer entrar en este dolor que me provoca el duelo porque ya sufrí mucho, ya basta. Otros se animan a entrar y con miedo a perderse: podría ser que no quiero estar triste porque me da miedo que se instale en mi vida. Otros entrar intentando buscar la salida, hay días que ven alguna salida aunque la perciban lejos y otros días dan vueltas en círculo llegando al mismo lugar o topándose con las paredes de ese laberinto. A veces parece muy lejano encontrar la salida y entonces quiero volver para atrás y me vuelvo a perder. En fin, podríamos describir esa imagen de distintas maneras.

Otra imagen que escuché y me pareció muy interesante traerla a ustedes son las olas. Esto me remite a una amiga mía que perdió a su marido en un accidente de moto. Ella describía ese momento como las olas. Estamos ahí juntas y cada tanto decía: se viene la ola. Y ella sentía que la ola la revolcaba, la ahogaba, aparecía en otro lugar desorientada y luego lograba por unos instantes reacomodarse y poder seguir. Y otra vez decía: se viene, se viene.

Y una tercera imagen que escuché esta semana tomando un café con una amiga que se murió su mamá hace quince días. Le pregunto: ¿cómo te sentís? Y responde: “esto es un calidoscopio”. La miro asombrada, sabía lo que es pero no entendía su comparación. “Es que paso de un estado a otro, el departamento, sus cosas, que lo desarmamos, que esperemos, y así estamos con mis hermanas. Días o momentos con mucha fuerza, otros tristes, otros no entiendo nada, otros sé que está tranquila con papá…..y así se va formando la figura en el calidoscopio y luego vuelvo a moverlo y se forma otra figura, y vienen otros sentimientos, otros momentos.

Si estoy viviendo un duelo,¿cómo lo estoy viviendo? ¿Qué imagen tenés de este momento? ¿Le puedo poner palabras? ¿Estoy esperando que pase el tiempo? Pareciera una situación pasiva. El tiempo es un buen recurso, y también es importante ver que hago con ese tiempo. Si me siento muy caído, me cuesta levantarme o quizá ni me levanto a la mañana, no voy a trabajar, no me ocupo de mi higiene personal, tengo la casa desordenada y sucia, no estoy comiendo sano, sería bueno comenzar por el médico clínico.

Es natural sentir cierto decaimiento, tristeza, enojo, ansiedad, desorientación por lo que estoy viviendo. Lo que tiene que ser un semáforo rojo si esto persiste en un tiempo largo y no puedo vivir así ni quiero. Lo importante no es el tiempo sino que hago con ese tiempo.

Quiero compartir con ustedes una parte de la carta que escribió una nieta a su abuela y la leyó en el entierro: “….Ayer muchos decían que no entendían por qué tardaste tanto en irte, y que sólo Dios tenía la repuesta. Yo creo que, incluso en medio de la nebulosa que pensamos que fue tu cabeza, estos años sirvieron de algo: nos enseñaste un montón, por lo menos a mí. Aprendí a comunicarme de otra manera, muchas veces sin palabras, hacer honor a mi vocación y componerte algo para conectarnos, o ponerte canciones y hacer resurgir tangos para cantarlos juntas. Llevar la guitarra, que Juan te guiñe el ojo y sueltes una carcajada. Esas eran nuestras muestras de cariño, y vos las supiste devolver…..Creo, abuela, que me quede al lado tuyo porque me sonreías cada vez que iba, cada vez que te daba un beso en la mejilla, cada vez que te hablaba. Me quede con vos porque te quedaste conmigo en el acto de primaria, porque me agrandaste el disfraz de cenicienta cuando me quedó chico, porque cuando yo te llamaba llorando diciendo que te extrañaba vos hacías fuerzas para no llorar conmigo….. Abuela, quizás este último tiempo no fuiste la persona que solías ser, pero cada vez que te visité me encontré con tu alma. Abuela, me enseñaste a ver a alguien por lo que es, en su máxima expresión y pureza, con todo el amor que se puede albergar dentro de un cuerpo que hoy nos está dejando. Abuela, gracias por estos cimientos de amor, gracias por querernos desmedidamente, gracias por todo lo que hiciste por nosotros. Te queremos mucho, nos vemos en el cielo” Guadalupe 19 años.

Y en este momento tan particular de las Fiestas ¿cómo me encuentro con esta pérdida? Hay mucho rituales que ayudan a vivir este momento: prender una velita, escribir algo que me quedó pendiente (te animás  a hacerlo como lo hizo Guadalupe?, recordar momentos lindos vividos con la persona, meditar, orar. En definitiva vivir lo que es bueno vivir. En algún momento una persona me dijo: yo en las Fiestas me metería a un placard desde el 23 hasta el 2 de Enero. ¿Me haría bien esa actitud?

¿Cómo podés diseñar estas Fiestas para que ese dolor que tenés lo puedas vivir desde un lugar sano?

Me encantaría escuchar lo que estés viviendo, contá con mi mail y nos comunicamos. Y a todos los que estén leyendo esta nota y saben de alguien que esté viviendo una pérdida, el verdadero sentido de las Fiestas es estar con esa persona que se siente sola y necesita de nuestro acompañamiento en esos días. Estemos atentos……porque “el dolor compartido es dolor disminuido”, dijo Rabbi Grollman.

Por Mariana Soiza Piñeyro (*)

(*) Licenciada en Relaciones Públicas y Consultora Psicológica.

Articulo Publicado en https://misionesonline.net

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